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Autor: Meilann sábado, 15 de abril de 2017



El Salón Internacional del Cómic de Barcelona nos pillaba un poco lejos. Casi literalmente en la otra punta del país, pero ¿quién dijo miedo? Gracias al AVE, su wifi a bordo y Netflix los 1000 kilómetros que no separaban de la meca del frikismo se iban a pasar en nada. Al final resultó que el AVE no tenía wifi, pero como Iñaki y yo somos muy agonías, llevábamos material audiovisual para evitar el aburrimiento.

¿Que por qué FICOMIC este año? Principalmente porque Iñaki, cual fanboy adolescente, buscaba la firma de Cels Piñol, uno de los protagonistas de este año por el lanzamiento de Drácula y la exposición que recorría los 25 años de carrera. Así que el objetivo principal era buscar el stand de Piñol. El resto era secundario, ¡pero muy divertido!

Para mí era la primera vez en uno de estos grandes eventos, así que allí iba, cual Paco Martinez Soria en la capital, mirando con ojos de pueblerina todo el despliegue de medios de las editoriales y los organizadores de FICOMIC. Una vez dentro del recinto y después de localizar el pabellón donde estaba "todo lo gordo", allá que nos fuimos a buscar autores. Y como nosotros, un montón más de gente...



Nada más atravesar la puerta del pabellón, entramos a un mundo de fantasía en el que las grandes editoriales hacían alarde de su poderío económico con grandes stands llenos de colorido, formas y pantallas enormes, mientras que las pequeñas editoriales y las librerías sobrevivían como podían. Por suerte, gracias a las firmas de los autores la cosa se equilibraba un poco. Para los aficionados al cómic, ese lugar era el paraíso, con autores de todos los rincones firmando sus obras. Y en este momento, aprovecho para pediros, lectores, que dejéis vuestras recomendaciones en los comentarios. Porque allí, entre libros, ilustraciones y editoriales, me vi muy verde en materia cómics. Así que, por favor, ¡espero vuestras recomendaciones!


Volviendo a FICOMIC, sorprendía mucho toda la parafernalia del sector. Aprovechando el gran tirón que las películas basadas en personajes de cómics, no sólo teníamos editoriales, también las grandes distribuidoras habían montado su chiringuito y nos encontramos con grandes instalaciones de Wonder Woman, Guardianes de la Galaxia o Ghost in the Shell. Aunque la más espectacular era la cabina de Alien Covenant.




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Entre vuelta y vuelta, tuvimos la oportunidad de conocer las últimas novedades del sector y probar el juego de mesa de Fanhunter, editado por Devir. La reseña rápida de Iñaki tras probarlo es: "LO NECESITO".


Saltando de aquí para allá llegó la hora de buscar el stand de Panini, donde Cels Piñol (al que habíamos visto pululando por allí un par de horas antes) iba a dedicarse a firmar pacientemente a todos los fans. El primer contratiempo llegó cuando nos dijeron que se había agotado el Drácula, ¡horror! Por suerte, Iñaki llevaba la pantalla de Fanhunter: el juego de rol épico decadente y la novela Herencia y consiguió el preciado tesoro.




Tras lograr el botín, aprovechamos para visitas el resto de instalaciones del salón. Al aire libre encontramos la exposición Cómics en vuelo. En el hangar instalado en la plaza de la Fira habían instalado distintos aviones a tamaño real, réplicas de algunos de los más destacados de los cómics bélicos y de aventuras.








Y por último, llegamos a Mordor. Al inframundo. A la morada del Demogorgon... a la zona de fanzines. Como era la primera vez que asistíamos a FICOMIC no sabemos cómo ha sido otros años, pero nos sorprendió (para mal), que se hubiera relegado al quinto pino a los jóvenes autores y a la autoedición. Por suerte, era en esta zona donde se había instalado la exposición de Cels Piñol, la zona de concursos de cosplay y de videojuegos, con lo que al menos, podrían enganchar público que fuese a alguna de estas actividades.






Y fue allí precisamente, en la zona de fanzines, donde encontré el gran tesoro con el que volví a casa: allí estaba Joan Mundet, con un modesto stand en el que vendía algunas de sus láminas. Y aquí que me traje una ilustración dedicada con Diego Alatriste y Gualterio Malatesta que ahora ocupa el lugar más destacado de mi despacho.




Con nuestro botín a buen recaudo, dimos una última vuelta de reconocimiento. Nos despedimos de los narizones de Piñol y descubrimos que en una de las mesas de Devir el Papa Alejo estaba jugando a Fanhunter con un par de jóvenes. ¿Quién ganó? No lo sabemos, pero las influencias seguro que jugaron a favor de uno de los bandos...






 y después de un montón de pasos - la Mi Band fue testigo - volvimos a casa deseando volver en la próxima edición. Eso sí, después de habernos empapado con nuevos autores y títulos. Recordad, ¡espero vuestras recomendaciones!

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