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Relato Steampunk, conclusión.

Por: Ignaudito
Una mano surgió de la oscuridad de la aerocalesa, Silas le había quitado la linterna apagándola con una mano mientras con la otra le tapaba la boca. Bajo ellos, a unos dos metros del suelo, el traqueteo cesó de repente, dejándolos sumidos en un tenso silencio.
Los latidos de su corazón martilleaban los oídos de Karla, que empezaba a pensar que la cosa de ahí abajo podía oírlos. Un súbito relámpago ilumino brevemente a la mecánica criatura que acechaba bajo la apareja de ladrones. Lo mas sencillo seria describirlo como un perro mecánico, lleno de ruedecitas y engranajes, pero a todos los que tienen o han tenido alguna vez un perro lo que acechaba en la oscuridad , estaba a años luz de ser un perro, mas bien podría tratarse de una prensa hidráulica con patas, todo dientes de acero y garras.
El trueno retumbó pocos segundos después, cuando la oscuridad volvió al almacén –La tormenta esta a un kilómetro aún. –comentó al oído de Karla distendidamente el sensual miscalita, lo cual contribuyó a abstraerla y tranquilizarla. Ambos se miraron cómplices durante unos instantes, con la intimidad de quienes suelen compartir el silencio paladeándolo, absortos en los ojos del otro.
            Las aceradas pisadas del engendro metálico se fueron alejando en su cíclico merodeo por el almacén. –Ha  estado cerca. –comentó Karla en voz queda. Silas la ayudó a bajar de la aerocalesa en la que se habían refugiado.
-Bueno cherí, me encanta pasear contigo en un romántico día de lluvia, pero hay trabajo que hacer. –le recordó el miscalita.
Los dos ladrones avanzaron por el almacén de aerocalesas siniestradas evitando al ruidoso vigía metálico, comprobando las placas identificativas. –Recuérdame por qué estamos arriesgando nuestro cuello por un simple  mecano-giróscopo, dame una hora y te conseguiré tres iguales- protestó Karla al tiempo que se acercaba a unas placas identificativas mohosas.
-No protestes preciosa, cuando lo encontremos lo sabrás perfectamente. –Karla no podía resistirse a esa sonrisa seductora que tantas veces la había metido en problemas.
-¡Voila! – fue la escueta exclamación que Silas profirió ante una destartalada aerocalesa con filigrana de oro y bronce que descansaba en mitad de un montón de chatarra al doblar la esquina.
Karla lo supo entonces, Silas tenía razón, había algo en la aerocalesa que estaba fuera de lugar. No se trataba del extraño diseño, ni de los inusuales materiales con los que estaba construida, había algo anacrónico en el aparato. –En serio Silas, dime ¿Qué hacemos aquí y cómo te has enterado de que esto estaba precisamente en mitad de este almacén? Su compañero intentó zafarse con una sonrisa pícara y un comentario mordaz, pero no estaba preparado para encontrarse con el cañón de la pistola de mecha de su compañera apuntándole directamente a la cara. –Esta vez no me vas a utilizar y dejar en la estacada como las últimas veces, para desaparecer durante una larga temporada.
-No era esa mi intención cherí. –balbuceó asustado el apuesto miscalita. –esta vez es diferente, he venido a llevarte conmigo, mis viajes se han acabado, tienes que ser tu.
Karla lo miró suspicaz. –Explícate, lo digo en serio, tienes un minuto. –exigió mientras sacaba su reloj de bronce. La lluvia se afanaba en golpear la uralita del techo mientras Silas se erguía, cambiando la siempre jocosa expresión por una más sombría, quizás triste.
-Muy bien, si es lo que quieres, te lo contaré todo, pero tal vez no me creas, querida. –Tal vez fuere la expresión de su rostro, o la pérdida de su perenne acento miscalita, pero Karla bajó la pistola temblando.
-Me estas asustando, idiota, si no quieres contármelo no lo hagas, no hay necesidad de tanto teatro. –musitó la empapada ladrona al tiempo que enfundaba su pistola de mecha.
Mientras su compañera lo miraba con reprobación, Silas trasteó en la aerocalesa, hasta llegar a la guantera de la que extrajo un extraño aparato plateado, lleno de botones, con una pantalla diminuta que marcaba la fecha en la que se encontraron por primera vez.
­            -Al fin, después de 10 largos años he dado con él. -susurró Silas con su nuevo acento, irreconocible por su compañera de cama y fechorías. –Hace 10 años nos conocimos ¿recuerdas?. –murmuró Silas con lagrimas en los ojos.
-Si, caíste del cielo, literalmente… -sonrío asustada su compañera. –y es que nunca se te dio bien dirigir aerocalesas.
-Ciertamente, los controles rústicos y arcaicos se me antojaban un desafío. –Silas toqueteaba el pequeño artefacto que había recuperado de la aerocalesa mientras hablaban. –la verdad es que tuviste toda la culpa, me distraje con tu sonrisa mientras miraba por la ventana y un edifico se me echó encima sin avisar. Tuve que saltar para no acabar como eso. –dijo señalando al amasijo de hierros que un día fue una aerocalesa de ultima generación. –Lo cierto es que vengo de muy, muy lejos, mas allá de lo que puedas imaginar, y hace ya demasiado tiempo que debería haber vuelto, no voy a mentirte mas, no voy a volver- Karla reprimió un sollozo al oír tal confesión- pero te pido que vengas conmigo, para no volver nunca.
-Silas, déjalo ya, no tiene gracia, coge lo que tengas que coger y vayámonos, no volveré a preguntarte más por tus motivos, comprendido.
-eso hago mi amor, he venido a por ti, tienes que ser tu, fuiste tu desde el principio, solo que no cronológicamente-después de decir esto ultimo Silas estalló en carcajadas  incontenibles.
La mala suerte, o el patrón de merodeo quiso que el engendro metálico apareciese tras la esquina en ese preciso instante. Entonces el tiempo pareció ralentizarse. Las gotas de lluvia caían una a una con un sonoro estruendo, pasando de ser un sonido constante a un rítmico golpeteo, la criatura metálica comenzó un salto que irremisiblemente acabaría con ellos destrozados, bajo sus afiladas garras, Silas tendió su mano a Karla mientras tecleaba en su extraño aparato, sus mirada se cruzaron , como tantas veces y no necesitaron decirse nada, ella iría allí donde el quisiera llevarla, lejos de todo lo conocido y a salvo de todo peligro, porque si estaban juntos no necesitaría nada mas.
Tras un fogonazo cegador, la criatura aterrizó en el suelo sin carne desgarrada en sus fauces, el almacén estaba vacío, de forma que una vez más comenzó su rutina de merodeo por el almacén.  En el suelo el extraño aparato de Silas descansaba junto a una aerocalesa destrozada, con filigrana de oro y bronce, en la pequeña pantalla podía leerse Londres, Inglaterra 20-07-2030
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Relato Steampunk ,Primera parte

Por: Ignaudito
Karla permanecía bajo la lluvia en un callejón oscuro de la ruidosa ciudad de Esantia, estaba esperando a alguien, como se dejaba ver por las continuas miradas a su reloj de bolsillo de bronce. Como de costumbre Silas llegaba tarde, era una de esas costumbres exasperantes que tanto la inquietaban del atractivo miscalita. Una pareja de guardias bajaba por la calle, estoicos ante la intensa lluvia, como si no fuera con ellos, vigilando los oscuros callejones del barrio de los artífices.
Karla se oculto un poco mas en las sombras, no tenia derecho a estar allí una vez caída la noche, con los talleres cerrados y sin documentación pertinente. Una vez pasaron de largo, se permitió volver a respirar, cuando una risotada a su espalda la asustó y tuvo que reprimir un grito de sorpresa, no sabía como de lejos habían ido a parar los guardias. Desenfundó su pistola de mecha, protegiendo el disparador con la mano de la intensa lluvia, se dio la vuelta preparada para todo menos para los ojitos de cordero degollado de su compañero en el delito, el atractivo y socarrón miscalita, que con una sonrisa cómplice, levantó las manos mientras comentaba, -ten cuidado que las carga el diablo.
Karla, completamente desarmada ante la sonrisa de su compañero enfundó su pistola, mirando alrededor. -Pues esta la cargaste tu esta mañana, así que tu sabrás. –comentó.
Silas, con un gesto profesional sacó de uno de los muchos bolsillos de su gabardina un juego de ganzúas mecánicas y se arrodilló junto a la puerta de uno de los almacenes del callejón. -En fin, vamos a trabajar un poco para variar ¿te parece…?
Mientras ella vigilaba las dos salidas del callejón, los diestros dedos del rubio miscalita se afanaban en franquear el paso a sus asuntos fraudulentos dentro del almacén, que con un satisfactorio chasquido de su cerradura, les invitó a comenzar.
-Cuando vuestra merced, lo desee- indicó con un gesto caballeroso Silas, señalando el interior del oscuro almacén. Karla, reprimiendo una sonrisa, se precipitó en el interior sacando una linterna de combustión de entre los pliegues de su oscuro abrigo impermeable.
El almacén parecía un cementerio de aerocalesas lleno de distintos vehículos metálicos amontonados unos encima de otros formando calles enrevesadas que mas bien podrían llamarse un laberinto. Las gotas de lluvia tamborileaban sobre la uralita del techo, amortiguadas por su grosor, olía a aceite de motor y carbón consumido, Karla permanecía en la entrada, sosteniendo la linterna iluminando a uno y otro lado, mientras formaba un pequeño charco a sus pies, cuando Silas cerró la puerta súbitamente , lo cual la sacó de sus casillas una vez mas…-shhhhh, esto es un delito ¿sabes?- murmuró Karla.        –Podrían encarcelarnos por esto, o peor , llevarnos a las minas de carbón una buena temporada.
-Relájate cherî, hace horas que se fueron todos los trabajadores- dijo en voz baja con su irresistible acento miscalita, que tanto sabia que desarmaba a su compañera de trabajo y alcoba.
Karla, meneó la cabeza mientras comenzaba a deambular por el almacén reprimiendo un esbozo de sonrisa ya que no quería darle esa satisfacción. Mientras avanzaban por el almacén, dejando un reguero de agua de lluvia tras de si, se pararon en seco, ante la mano alzada del miscalita-¿oyes eso?
Las gotas de lluvia asediaban la uralita con insistencia, amortiguando cualquier ruido en el almacén, pero tras contener la respiración Karla pudo discernir un pequeño traqueteo sobre el suelo de hormigón manchado de aceite y carbón-¿Qué es eso? suena como una maquina de escribir…
Silas, con gesto de terror que alteró durante un momento sus bellas facciones tiró de su compañera, trepando por la montaña de aerocalesas hasta colarse en el interior de una de ellas -shhhh- fue su parca respuesta, llevándose un dedo a los finos labios mientras señala abajo.
Karla, con el corazón a cien, solo podía oír su bombeo en los oídos, respiró profundamente para intentar aislar sus latidos, pero entonces lo vio y tuvo que reprimir un grito de terror.
 
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Diario de Kydastar,1461 CV III

Por: Ignaudito
26 de Eleint Ayer fue un día muy confuso. Entre las chabolas de "El valle de la cicatriz" encontramos el rastro de los licántropos que se acercaba a una casa derruida, en ella un profundo agujero conducía a una red de túneles. Tras adentrarnos en los túneles nos topamos de lleno con una caverna habitada por goblins y kobolds liderados por una oscura criatura. Mas adelante liberamos por error a un no muerto infectado por la plaga de conjuros que nos confundió con alguien llamado Valindra Mantosombrio. A punto estuvimos de perecer, pero Mystra nos guió con mano firme y pudimos acabar con la criatura reanimada y sus protectores.
Despues de tomarnos un pequeño respiro proseguimos nuestra búsqueda y encontramos una puerta secreta que llevaba a una bodega. Tras inspeccionar un poco la zona determinamos que nos encontrábamos en las mazmorras de la catedral de Helm. Para nuestra sorpresa, mi compañero tiefling encontró otra puerta secreta en la bodega . Mi corazón latía como un caballo desbocado, podía sentirlo, los demonios estaban cerca. En los sótanos de la bodega encontramos un grupo de sirvientes de la catedral, que resultaron ser en realidad proles nefastas, demonios creados por una entidad con la que no tardamos en encontrarnos cara a cara. Un Aboleth surgido de la infraoscuridad apareció por un portal de limo infecto y amenazó con convertirnos en sus marionetas. Muy a mi pesar debo decirte mi señora que tuvimos que huir, acabamos con los demonios pero la criatura superaba todas nuestras capacidades actuales.Aunque huimos , gracias al guerrero draconido, no flaquearemos.He descubierto ya cual es tu misión, mi señora. Juntos acabaremos con el dominio del Aboleth que pretende dominar Neverwinter.

Diario de Kydastar , 1461 CV II

Por: Ignaudito
23 de Eleint Esta tarde nos ha atacado una una horda de zombies de ceniza salidos del bosque de neverwinter, Mystra me ha susurrado que se tratan de aberraciones creadas por el anillo de pavor de los Thayanos que habitan en Neverwinter desde antes de la erupción del monte Hotenov. Hemos estado fantásticos. Realmente somos el mejor grupo de la tierra. Al final hemos tenido que huir con daños materiales ,numerosos heridos y dos carreteros muertos, pero la alianza se ha bautizado a sangre y fuego

24 de Eleint Nos desviamos de nuestro camino para atender a los heridos. El brazo de Dram tiene mala pinta y taevin ha sufrido un feo golpe en el vientre, espero que el feto no haya sufrido. Nos reciben bastante bien el La fortaelza de Helm. Siento una extraña empatía por los sacerdotes que aquí habitan ya que también han perdido a su dios. Al contrario que los sacerdotes de Mystra, tienen a alguien que les guíe, La profeta Rohini. He visitado el sanatorio para los "tocados por la plaga". Afortunadamente Dram y Taevin están fuera de peligro. Nos los llevamos a la posada para que descansen con sus parejas.
Algo en el pueblo me da mala espina. Para ser un lugar donde los "Marcados" podemos movernos con libertad hay demasiado recelo. Los gritos que salen del sanatorio no me dejan dormir.

25 de Eleint Es de madrugada. Necesito poner por escrito todo lo que ha pasado. Me he despertado por el humo. La posada estaba ardiendo. Al parecer una banda de licántropos que habita en el bosque y que reclama la fortaleza ha irrumpido el el pueblo y ha golpeado duramente. Taevin y Brous han muerto.
Los licántropos han huido a una parte del pueblo compuesta por chabolas, lo llaman "El valle de la cicatriz". El él habitan todos los marcados por los conjuros demasiado deformes y enfermos como para dejarse ver abiertamente.
El capitán de la guardia nos pide que registremos el "valle" a ver si hay mas licántropos ocultos ya que hemos acabado con ellos rápidamente. Las palabras de Mystra nos guían. Atravesaremos el "valle". No puedo esperar para enfrentarme a los demonios. Un reguero de sangre nos lleva hasta las primeras chabolas, se cierne entre nosotros como el símbolo de mista un río rojo rodeado de siete estrellas.

Diario de Kydastar, 1461 CV

Por: Ignaudito
En la ciudad de los caídos
donde el océano se encuentra con la arena
formaras una fuerte alianza
el mayor grupo de la tierra
para encontrar fama y fortuna
a través del valle caminaras
y te enfrentaras a los demonios

19 de Eleint  Llevamos ya unos días atravesando el Pantano de los Hombres muertos, uno de los protectores de la caravana, Ruul el gnomo, me ha dicho que se llama así por que un nigromante inundó un campo de batalla. Los colonos están inquietos, los exploradores, Dram y Crais han avistado numerosos hombres lagarto. Estoy cada vez mas cerca, pero aun no he encontrado a mis compañeros ¿ Crees que los encontraré en Neverwinter?

20 de Eleint Ya se va notando la llegada del otoño. Según Heum, nos quedan solo un par de días para dejar atrás el pantano. Taevin bromea con que tiramos el dinero al contratar a los guardias,su esposo Brous admite que podría haberlo guardado para su pequeño Colin aun nonato, la verdad es que esta siendo un viaje tranquilo. Mejor así, debo reservarme para combatir a los demonios.

21 de Eleint Dram y crais a punto han estado de negarme mi destino. Han cazado un puñado  de lagartos para la cena  que han resultado ser crías de hombre lagarto. Los guardias han decidido salir del pantano cuanto antes. Al anochecer hemos acampado cerca de las montañas de la espada y los hombres lagarto han salido del pantano para vengarse. Los seis guardias que contrató Heum han resultado mas que eficaces, la verdad es que juntos hemos acabado con una pequeña horda de hombres lagarto. Hemos sido siete combatiendo, ¡Siete! ¿puede ser que haya encontrado a mi grupo? Eso es lo que ha insinuado Aranis el eladrin.

22 de Eleint Hemos pasado de largo de Leilon y su torre encantada que petrifica al que la mira, vamos atravesando el camino alto. Voy familiarizandome con mis nuevos compañeros recién descubiertos. Cada vez estoy mas convencido de que son aquellos con los que formaré la alianza. Una estrella de siete puntas es tu símbolo ,siete versos que me anuncian mi destino, siete compañeros formaremos la alianza. Se que no has podido morir, de lo contrario ¿cómo es que puedo oírte tan claramente en mi cabeza, recitandome estos versos?

Nueva partida a Sdla/Joc.El Cerro del Hierro

Por: Ignaudito
Una vez han acabado con los uruks vigías siguen sus rastros hasta una enorme caverna dentro del desfiladero. Al parecer hace mucho tiempo se trataba de una mina enana. Según el montaraz del grupo, actualmente además de uruks-hay también la habitan un par de trolls.
Sigilosamente se internan en la mina  donde constatan que los numerosos pilares que sostienen las galerías están en mal estado y podrían venirse abajo. Más adelante descubren un almacén de leña  y varios corredores cegados por derrumbamientos.
En lo mas profundo de la mina hayan una gran estancia con 15 uruks-hay acampados, demasiados para enfrentarse en combate singular en tan reducido espacio.
Evitando esa estancia acceden a la siguiente por medio de corredores secundarios donde dan a parar con el líder del grupo de uruks. Según parece se trata de un Uruk-Hay muy singular, ya que se encuentra escribiendo unas notas  con un crebain al hombro. En la estancia se encuentran también varios uruks y un troll encadenado en un rincón.
Tras trazar un descabellado plan, dejan fuera de juego al líder uruk con un par de flechas envenenadas y enervan al troll para que se libere y siembre el caos mientras el grupo de aventureros recoje al líder uruk inconsciente y abandona la mina a todo correr. Por el camino, para cubrir su retirada derrumban uno de los corredores centrales.
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